El reportero y fotógrafo José Luis Vidal Coy (Murcia, 1954) presenta hasta el 11 de febrero en el espacio La Innovadora su proyecto La calle pintada, una serie basada en los murales de arte urbano del artista lituano Zach en un barrio de la ciudad de Georgetown, en la isla de Pulau Penang (Malasia).
El propio Vidal Coy explica el origen de esta propuesta creativa: “Tres meses dando vueltas por Extremo Oriente sin rumbo fijo dan para mucho. Fue un otoño espectacular aquel de 2017. Mi billete decía Londres-Kuala Lumpur-Londres. Entremedias, once o doce semanas para vagar por Malasia, Tailandia y Camboya. En la primera, después de casi un mes y camino de Bangkok, paré algún tiempo en Pulau Penang, una isla el doble de grande que Ibiza, a la entrada del Estrecho de Malaca.


Por la capital, Georgetown, típico legado por la colonización británica que se inventó el país compartido por malayos, indios y chinos, parecía que había pasado algún discípulo de Banksy. O quizá no. El caso es que una buena serie de pinturas que recordaban al grafitero inglés que dicen que es de Bristol, aunque sin su vis social y crítica. Sin embargo, la particularidad de muchas de esas pinturas callejeras es que dejaban lugar para que el público se incorporara a la obra, participando directamente de ella e invitando al retrato curioso de amigos o al selfi.

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Me fue simpática e interesante la idea del grafitero de tentar al público a sumarse a su obra. El autor de este proyecto de street art fue el artista lituano Zach (Ernest Zacharevic, 1986), basado en Penang, y lo realizó en 2012. Lo llamó Mirrors George Tow y se componía originalmente de seis murales. Cinco años después, algunas de sus obras estaban ya algo deterioradas por el salitre del mar y otros “espontáneos” se habían sumado a su proyecto original, regando la ciudad de numerosos grafitis. No sabría decir cuántos hay ahora ni en qué estado están. Pero esto es lo que había, más o menos, en aquel tiempo”.

José Luis Vidal Coy estuvo unos 15 años (entre 1979 y 1994) ejerciendo como reportero en Oriente Medio, narrando diferentes conflictos en esa parte del mundo, con base en Teherán, Argel, El Cairo y Madrid, sucesivamente, y estancias de meses obligadas en otras capitales como Bagdad, Beirut o Jerusalén. Después se recicló como periodista local en La Verdad de Murcia, donde comenzó a dedicarse a una de sus aficiones personales: la fotografía.
