La primera colección de la joven creativa Violeta Ibáñez le devuelve a sus raíces yeclanas

La diseñadora de moda Violeta Ibáñez Ferriz presenta su primera colección. La creativa, nacida en Yecla hace casi tres décadas y residente en Bilbao desde los siete años, ha vuelto la vista a sus raíces familiares para idear Hule, una colección hecha de recuerdos infantiles, de imágenes de los campos yeclanos y de vivencias junto a sus abuelos.

Hule comenzó a gestarse el pasado verano, tras el confinamiento, en la casa familiar de la diseñadora en Yecla. A la sombra de los pinos, “me di cuenta el valor que tenía estar allí y de las sensaciones que percibía, afirma. “Quería inspirarme en esos recuerdos, en la paz interior, en la libertad que me hacía sentir el campo; en el sonido de las chicharras, en el calor agotador, en la piscina de cemento que había construido mi abuelo, en los campos infinitos, en los olivos asimétricos en fila con esos troncos llenos de texturas, en los matorrales de esparto donde se esconden los conejos, en las higueras donde cada mañana arrancaba higos para desayunar… Valorar esos momentos y darme cuenta de todo lo que me rodeaba fue esencial para crear esta colección”, recuerda Violeta Ibáñez.

Esta estancia veraniega en su tierra natal permitió a la creativa conectar con sus raíces y su identidad. Y reflexionar sobre “cómo mis abuelos habían luchado para conseguir donde estaba. Lo que habían trabajado en el campo, plantando cada olivo, vendimiando, trabajando la tierra, produciendo sus propios alimentos; el valor que daban a cada tomate, a cada almendra que cogían y partían, a cada resto de comida que sobraba y guardaban”, indica.

“Por eso, uno de los valores principales de esta colección es el aprecio, el cuidado, el amor  que hay puesto en cada una de las prendas, hechas con esfuerzo y delicadeza. Quiero transmitir todos estos valores para que cada una de ellas se vean como verdaderas joyas, ya que son únicas. No están pensadas para producirlas masivamente y, si se producen, no van a ser iguales”, señala la diseñadora.

Violeta Ibáñez explica que los tejidos usados para confeccionar la colección tiene procedencias bien diversas y siempre con una historia detrás. “El lino color arena está sacado de una colcha antigua proveniente de París; el lino principal es heredado del abuelo de la madre de un compañero que tenía una tienda de tejidos; los bieses de seda de rayas los he hecho con retales las camisas del hombre que vendía los tejidos en Doña Beitia, una fábrica de punto que está en Bilbao; los encajes son antiguos, heredados de los recuerdos de familia de una amiga…”

“La vida me ha ido trayendo o regalando muchos de los materiales para el desarrollo de este proyecto; habrá sido suerte o casualidad, pero se han convertido en la guía de este proceso creativo”, reconoce la diseñadora, quien destaca que “el folclore de mi tierra está muy presente en los pliegues de cada prenda, en los bordados minuciosos de las faldas que las mujeres vestían en San Isidro; en las flores que portaban en esos días tan especiales. He querido promover y dar visibilidad al trabajo artesanal tradicional y a la importancia del esparto como modo de vida en el pasado”, asegura.

El esparto adquiere singular importancia en la primera colección de Violeta Ibáñez. El calzado está compuesto por alborgas de esparto confeccionadas manualmente por dos artesanos: Alfonso y Pedro. El primero “ha aprendido esta labor por un señor mayor de su pueblo y no quiere que esta tradición se pierda y quede en el olvido. Me ha ido explicando todo el proceso laborioso y me ha tomado en cuenta en cada decisión”, señala.

Violeta Ibáñez inició su trayectoria profesional como titulada en Magisterio de Educación Especial, ejerciendo durante algunos años. No obstante, su vida dio un giro: “Deje todo y estuve trabajado en Londres, Ibiza, Roma, Chile…”, recuerda. Cuando volvió a Bilbao, hace cinco años, comenzó los estudios de estilismo y diseño de moda en una escuela de aquella ciudad. Hule es su proyecto final de carrera.

Fotos: Marta Etxebarría

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